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Sean Muy Bienvenidos Todos y Cada Uno de Ustedes a nuestro Sitio Juvenil. Los Jóvenes Adventistas de Nicaragua hoy decimos: "PRESENTE", para dar las Buenas Nuevas de Salvación mediante este medio. Esperamos Serte de Mucha Utilidad.

Desde ya te invitamos a conocer cada uno de nuestros Recursos. Que te parece comenzar con esta preciosa reflexión:

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EL GRAN MENSAJE

Le llamaremos Juan. Está despeinado, descalzo, su camisa agujereada; su pantalón anda en las mismas. Así vistió durante sus cuatro años de estudios universitarios. Es brillante... mas, es un tanto callado; se convirtió a Cristo mientras estudiaba. Frente a la universidad hay una iglesia conservadora, de gente refinada. Tienen deseos de poder ministrar a los jóvenes estudiantes, mas, no saben cómo hacerlo.

Un buen día, Juan decide visitar dicha iglesia. Entra, descalzo, con su vieja y rota ropa y su cabello despeinado. El culto ha comenzado; camina por el pasillo en busca de un lugar para sentarse. Como está llena la iglesia, no halla lugar. La gente se ve algo incómoda, mas, nadie se atreve hablar. Juan se acerca al púlpito, mas, no hallando lugar, se sienta en el piso alfombrado (conducta aceptada en la universidad, pero que jamás había ocurrido tal en esta iglesia).

¡Hay tensión en el medio ambiente... la gente está incómoda! Ahora el ministro observa cómo un bien vestido, anciano y canoso diácono se encamina lentamente hacia Juan. Es un hombre piadoso, culto y refinado. Mientras camina hacia Juan, la gente piensa dentro de sí: "No podemos culparle por lo que va hacer. Después de todo, no es de esperarse que un anciano comprenda a un joven, y mucho menos, sentado así en el piso."

Tarda en llegar hasta el frente... su bastón va sonando según camina. El silencio es absoluto. Ni siquiera se oye el respirar de los presentes. Tampoco puede predicar el ministro ante su expectativa de lo que habrá de hacer el anciano diácono.

De momento, observan cómo éste suelta su bastón sobre el piso y con gran dificultad se sienta en el piso junto a Juan con el fin de, junto a éste, adorar a Dios. La emoción no tarda en embargar a todos los presentes. Luego de que el ministro logra calmar sus propias emociones, le dice a los presentes: "Lo que yo voy a predicar, ustedes nunca lo recordarán. Mas, lo que acaban de ver, jamás lo olvidarán.

Tengan sumo cuidado de la manera en que viven. Podría ser que ustedes sean la única "Biblia" que algunas personas alcancen leer."


 
 
 
 
 
 
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